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Una vez concluidos los largos trabajos de restauración y recuperadas las estructuras defensivas, Zamora ha abierto al público su esperado Castillo. Un lugar, fiel testigo de su historia, en el que descansar, mirar hacia dentro, hacia el pasado, hacia el exterior y el futuro de la ciudad es posible.

Las labores de reforma han permitido hacer accesible toda la estructura, incluso las almenas, constituyendo así un imponente mirador desde el que contemplar la Catedral, el río y una ciudad inédita y espectacular digna de tener en cuenta. Un importante testimonio histórico que se completa con un guiño al arte a través de la obra del escultor zamorano Baltasar Lobo y cuyo conjunto supone una de las apuestas turísticas más importantes de la ciudad.

 

Tras casi cuatro años de obras, el Castillo de Zamora ha abierto recientemente sus puertas con una imagen totalmente renovada y un acondicionamiento espectacular, tanto de la fortaleza y estructuras defensivas como de los jardines colindantes, que lo convierten en uno de los más importantes reclamos turísticos de la ciudad.

Integrado en el Castillo, y formando parte de su conjunto histórico y de su estructura defensiva, ha sido inaugurado el espacio expositivo Baltasar Lobo, Castillo Centro de Arte.

Un paseo por la vida y obra de uno de los artistas zamoranos más internacionales y uno de los escultores españoles más notables del siglo XX, que mejor conjugó el binomio Zamora y el mundo con su peculiar manera de entender el arte.

Arte e historia se unen de esta forma en Zamora, creando una razón más para visitarla. Razones que junto a la campaña de actividades Verano 2009, “Días y Noches de Zamora”, llevada a cabo por el Ayuntamiento de la ciudad, la convierten en un completo destino turístico de interior, digno de visitar tanto ahora en verano como en invierno. Un destino capaz de satisfacer la demanda de todo tipo de públicos, al contar con una oferta turística variada y de calidad.

Ciudad Románica por excelencia, pero también Modernista, cargada de historia, bañada por el río Duero y por las múltiples opciones que ofrece. Y por si fuese poco, una importante oferta cultural complementaria capaz de satisfacer los gustos más variados y una industria turística de calidad que la han convertido en “Ciudad de Congresos”. Arte, historia, patrimonio, cultura, gastronomía y un sinfín de posibilidades más son las que ofrece Zamora al viajero más exigente.

No hay elemento que mejor defina la historia de Zamora que su Castillo, el cual ha sido un hito histórico y ahora también contemporáneo, tras sus casi cuatro años de reformas. Reformas que han supuesto la apertura al público y puesta en valor del escenario en que nació y consolidó la historia e identidad de Zamora. Un proyecto llevado a cabo por el Ayuntamiento de Zamora y que hoy se convierte en un producto turístico de primer nivel no sólo en la ciudad, sino en todo el territorio de Castilla y León.

Situado sobre una elevación natural del terreno, a la que se adapta y que le confería gran poderío defensivo, el Castillo de Zamora, que nunca fue un castillo palaciego sino una fortaleza en la que protegerse y desde la que proteger la ciudad, fue construido hacia mediados del siglo XI por el Rey Fernando I, primer unificador de las coronas de Castilla y de León.

El castillo, de forma romboidal, está compuesto por una serie de estructuras concéntricas: foso, contrafoso, liza, estancias y patio interior. En él destacaba la torre del homenaje, la más alta y que servía de último reducto de defensa, aunque en las fases de reforma se han encontrado cinco torres más. Con la llegada de nuevos métodos de guerra como la artillería se descubrió que el castillo ya no era tan eficaz, ya que los gruesos muros que impedían la entrada de flechas ahora eran vulnerables ante los cañones.

Así, en esta época se optó por rellenar poco a poco la liza para evitar que sus muros se derrumbaran de un golpe de cañón y se modificó el antiguo paseo de ronda o adarve, ampliándolo para facilitar el uso de la artillería, creándose el actual cuerpo de fusileras.

Todo el edificio está flanqueado por un foso de gran profundidad que lo convertía en un fortín fácil de defender.

De hecho, y según narra el Romancero, la ciudad aguantó un cerco de más de siete meses, a cuya defensa contribuyó decisivamente el Castillo. Así mismo, la fortaleza constituyó un pilar básico para los reinos cristianos en el proceso de la reconquista y posteriormente en las guerras contra Portugal. Durante el reinado de Felipe V se hicieron numerosas reformas destinadas a adaptarlo a las nuevas técnicas bélicas como la potente artillería, eliminándose el paseo de ronda y quedando oculta la liza. Tras la pérdida de su razón de ser a partir del siglo XIX, es reutilizado para diversos usos, que le hicieron perder aún más su valor histórico, como es el caso de la función que ocupó de cárcel y de diversas escuelas de todo tipo desde primeros del siglo XXI. Usos que lo “vulgarizaron” y que dejaron atrás la verdadera razón de ser de la fortaleza, convirtiéndolo en un lugar valorado históricamente muy por debajo de lo que debía estar.

En un principio, las reformas se centraron en reestructurar la antigua fortaleza, y en limpiar la liza, de la que se extrajeron 15.000 toneladas de tierra, y fruto de la cual comenzaron a aparecer las primeras sorpresas y los primeros hallazgos, poniendo de manifiesto un castillo con unos espacios antes desconocidos y con unos legados históricos muy importantes. De ellos, los más significativos fueron el hallazgo de restos de cinco de las ocho torres que originariamente tenia el castillo y de las que sólo se conservaban dos, cerámica, monedas, bolas de las catapultas y enterramientos de hasta tres épocas diferentes.

A raíz de la excavación de la liza, las labores de reestructuración y reconstrucción comenzaron a tomar otro valor, en el que la realidad histórica y las características arquitectónicas, que se habían vulgarizado en los últimos años, tomaban ahora un valor extraordinario. Los hallazgos no habían hecho más que empezar.

Las labores de recuperación continuaron con otro de los elementos que configuraban su forma , en este caso el foso medieval, el cual tuvo que ser limpiado y reconstruido tras descubrirse que todas las paredes que tenía se habían venido abajo y comenzando ahí una labor de restauración muy intensa y escrupulosa. Labores que continuaron con el planteamiento de la adaptación de la liza para convertirla en un lugar transitable y en una manera de alargar el recorrido histórico que el Castillo estaba desplegando.

Tras las labores de reestructuración de la estructura defensiva y recuperación de sus elementos comenzó a darse forma a la actual estructura estética del Castillo, adecuando sus accesos tanto interiores como exteriores y tratando de recuperar la posibilidad de verlo en su auténtica dimensión.

El objetivo principal era prolongar el paseo hasta los orígenes de la historia de la ciudad, y proyectar nuevas visiones de la misma y de sus elementos más importantes, como en el caso del río Duero. Río que en su confluencia con el Valderaduey hizo que se generasen en las cercanías de la estructura defensiva importantes tierras de cultivo.

Las principales dificultades que en esta fase se encontraron fueron tres. Por un lado proteger la reserva natural, pero a la vez reestructurarla, eliminando las presiones y el embalsado de agua que se producía, y que ejercía presión contra las murallas, llegando incluso a su derrumbamiento. Por otro, conservar la sombra que caracterizaba a los jardines y que tan grata hacía la estancia y el paseo, y por último recuperar los antiguos niveles del territorio y la posibilidad de contemplar la estructura defensiva en su verdadera dimensión, recuperando de este modo su percepción histórica.

De este modo, se llevó a cabo una reestructuración de los jardines, rebajando los niveles hasta desenterrar parcialmente el Castillo y el resto de las estructuras defensivas. Unos cambios que han permitido contemplar el Castillo en su auténtica dimensión y que facilitan su percepción desde la lejanía, imponiéndose una sensación de grandeza y majestuosidad desde el inicio del paseo. Conjuntamente, se llevó a cabo la construcción de unas pasarelas de piedra y granito que discurren de forma silenciosa entre los antiguos restos y espacios hallados y que permiten el acceso a todos los lugares de la fortaleza, facilitando el acceso a las almenas y disfrutando desde ellas de unas majestuosas vistas de la ciudad. Pasarelas y miradores que transportan al paseante por los caminos del pasado, de la sorpresa y de la emoción constante, provocando el despertar de los sentidos.

La cuidadosa y casi imperceptible iluminación de las antiguas estructuras y de los jardines acentúan el silencio y convierten al paseo en una experiencia inolvidable.

Una iluminación envolvente que convierte el Castillo nocturno en un icono irrepetible, cargado de belleza, magia e historia.

Cuatro años y un proyecto compuesto por cuatro fases de reformas que han culminado en el mes de julio y que han dotado a la ciudad de nuevo de un conjunto histórico inigualable, tanto de día como de día como de noche.

Un proyecto que ha logrado recuperar el valor y la grandiosidad de esta estructura defensiva y que ahora ya puede ser visitado y disfrutado por todo el público.

Pero el Castillo de Zamora no solo es un elemento histórico ya que en él el arte constituye un elemento fundamental con la reciente inauguración del espacio expositivo Baltasar Lobo, Castillo Centro de Arte. Un espacio que forma parte del conjunto histórico del Castillo y que se funde con la historia de Zamora, proyectando la realidad de una ciudad atractiva no solo a nivel histórico, que lo es, sino una importante sede artística y cultural.

BALTASAR LOBO. CASTILLO CENTRO DE ARTE

Zamora ha sido la cuna de muchos artistas de renombre cuya obra ha tenido repercusión tanto nacional como internacional. Entre ellos destaca el nombre de Baltasar Lobo, al que Zamora rinde homenaje con un Centro de Arte que recoge parte importante de su vida y obra.

El museo, ubicado en la Casa de los Gigantes, edificio que a lo largo de la historia formó parte de las antiguas estructuras defensivas del Castillo y antiguo lugar en el que se guardaban los tradicionales gigantones, ha sido adaptado a un nuevo concepto de uso: el artístico, y en él se ha instalado la exposición central de la obra de Baltasar Lobo.

A lo largo de dos plantas, el museo recoge parte importante de la obra del artista zamorano que enamoró con su forma de entender el arte a medio mundo.

La exposición está formada por extraordinarios dibujos, fotografías de su vida, útiles de trabajo y más de medio centenar de maravillosas esculturas que el escultor zamorano realizó a lo largo de toda su vida. Una exposición que gracias a su estructura, permite reconstruir cronológicamente la biografía artística del escultor. Un recorrido artístico que se completa con las imponentes esculturas de bronce ubicadas en los jardines y en la liza del Castillo y que hacen alarde de una concepción única de la realidad que le dotaron de su merecida fama.

Nacido en Cerecinos de Campos el 22 de febrero de 1910, Baltasar Lobo es uno de los escultores españoles más notables del siglo XX. Su formación se inicia a la edad de 12 años cuando entra a trabajar en un taller de imaginería de Valladolid.

En Madrid estudia en la escuela de Bellas Artes y el Círculo de Bellas Artes. Durante la Guerra Civil Española se traslada a Francia exiliado, recibiendo ayuda personal de Picasso y de Henry Laurens, del que recoge el interés por lo curvilíneo que caracteriza toda su obra. Allí vivió y realizó toda su obra hasta su muerte en París en 1993.

Baltasar Lobo es el artista de las cosas fundamentales y elementales que rara vez necesita escapar de la temática más tradicional de la escultura para hacer valer su intensidad y su personal manera de concebir las cosas.

En sus obras destaca la inmediatez de los motivos, cuando estos son reconocibles, y la sutil pureza de las formas en los años de mayor proximidad con la abstracción.

Un arte inigualable de la mano de uno de los escultores zamoranos más internacionales, que ahora puede visitarse en Zamora y que, junto a la magia del Castillo, envolverá al visitante en una serie de sensaciones que merece la pena vivir.

 HORARIOS DE APERTURA  ( del 1 de mayo al 30 de septiembre):

- Castillo: De martes a domingo de 10 a 14 y de 19 a 22h. Lunes cerrado

- Museo Baltasar Lobo : De martes a domingo de 10 a 14 y de 18 a 21h. Lunes cerrado

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